MI HISTORIA EN PATAGONIA RUN

Venir de un hogar roto no te impide llegar al éxito. Forja tu voluntad, tu resiliencia, para que en algún momento logres ver dónde estás y puedas tomar las riendas de tu vida y elegir hacia dónde querés ir. Mi momento fue en abril de 2013, cuando mi marido tuvo la espectacular idea de invitarme a Patagonia Run, a dar el primer paso con los 21 km, un objetivo muy osado para mí que corría hace 3 meses solamente, pero que dejó plasmada la sensación de que lo que me propusiera, lo iba a lograr.

Correr me ayudó a SANAR

Mi historia de sanación empezó en el 2019, cuando decidí embarcarme en la gran aventura de correr 70km en las montañas de San Martín de los Andes, en una carrera que se a vuelto mi guía: Patagonia Run. Antes de esa carrera yo vivía así, arreglada con miles de parches hechos con cinta adhesiva. La verdad es que bien o mal, creía que estaba sobrellevando bien mi vida, tenía mi familia, mi hogar, un trabajo, no me faltaba nada, estaba enfocada, tenía algo en mi vida que le daba cierto sentido. Por eso junté coraje y me animé a correr 70km. Lo que yo no sabía era que durante esas más de 15 horas me iba a sentir de tantas maneras que jamás imagine, que mi estantería iba a empezar a estremecerse, al punto de desear no querer estar ahí, querer estar en mi casa, con mi familia, en mi refugio, y si tengo que definir en una palabra mi sensación, la palabra es: ABATIDA. La carrera me abatió. No doblegó mi voluntad, porque la resiliencia es algo que aprendí a cultivar con los años. Pero cuando llegué a la línea de llegada con mis hijos de la mano, la crucé y practicamente caí rendida de rodillas al suelo. Tenía tantos dolores juntos que no sabía qué hacer con todo eso. Era la felicidad del logro cumplido pero también la incertidumbre de por qué me sentía tan mal. 

Todo llega cuando menos lo esperas

Como contaré en otro texto de este blog que inicié porque necesitaba contar mi historia, me dediqué a ir pegando los pedazos que se me iban cayendo con cada paso, así, como podía, como me salía. Y eso no lo pude sostener en el tiempo. En algún momento todo se amontonó como las varillas metálicas de la máquina de escribir… y no me quedó de otra que ir de atrás para adelante buscando el origen del embrollo para ir desenrollando la maraña de cosas en las que se había transformado mi vida.

Mi mamá, mi gran inspiración

Quiero darle un espacio en este blog a mi mamá, que fue la persona que me trajo al mundo y de quién aprendí muchas cosas sobre de qué se trata la vida. No necesariamente porque me lo haya enseñado ella, sino porque observando su vida y viendo todo por lo que pasó en sus 53 años, entendí un montón de cosas que ella no llegó a entender.

Yo no corro ni al colectivo

Frase célebre que decía seguido hace muchos años atrás, antes de ser corredora. Porque era cierto, no corría ni al colectivo. Una larva en persona. Creo que lo máximo que había hecho de deporte en mi vida fue con educación física en la secundaria y un par de veces que intenté ir al gimnasio de más grande. Constancia cero. Recuerdo muy bien esas mañanas de invierno en las que en la secundaria me tomaban el test de cooper, donde tenía que dar esa vuelta fatídica a la pista de atletismo corriendo, mientras sentía que el frío me rasgaba la garganta dolorosamente, y me decía a mi misma: odio correr. ¡Que absurdo se siente eso contrastado con mi presente!. Pero era así, odiaba correr, ni hablar de la barda, lugar espantoso para mí, que había ido 2 veces y lo único que recordaba eran los Alpatacos y la aridez.

¿Cualquiera puede correr un Ultra Trail de Montaña?

Cuando se habla de ultra maratón, muchas personas imaginan únicamente resistencia física. Pero correr tantos kilómetros en la montaña implica muchísimo más. Es una experiencia donde el cuerpo, la mente y las emociones trabajan al límite durante horas, e incluso durante toda una noche.

De correr en las bardas Neuquinas a correr en la cordillera

Nacida y criada en Neuquén Capital, tengo la suerte de contar con una zona agreste donde tenemos bardas, que serían algo así como cerros bajos de cimas amesetadas. Para los que gustamos del trail running, ese sería nuestra área de entrenamiento. Cuando empecé a correr en enero del 2013, inició para mí el camino que me llevó de detestar la barda por considerarla una zona árida y muerta, a re descubrirla desde otro lugar. Una vez que empezas a recorrerla y dejas que te llegue, descubris un mundo maravilloso. No es muy grande, pero por momentos es inmensa. Como vivimos en una zona desertica, lo mágico que tenemos está en los hermosos amanaceres y en los atardeceres con la llamada «hora mágica». Momentos que para quienes vamos a la barda a disfrutar de su transitar, nos llenan de dicha. Y ni hablar cuando la fauna se hace presente. Los zorritos, los pájaros, las culebritas, las lagartijas, creo que hasta piches se han encontrado. Los cuis, las lechuzas, ¡los conejos!. Las flores de los cáctus que llenan la barda con su hermoso color blanco. ¡Cómo no amar correr en la barda! Imposible no amarla.

¿Por qué «Correr es vida» para mí?

«Correr es vida» fue el nombre que elegí para este blog. Es, en un principo, el tema principal que me impulsa a escribir. Hace años que amago con poner en palabras escritas todo lo que me pasa con esta disciplina intensa y hermosa que es Correr. Porque aunque en un principio no fue más que curiosidad por un experimentar un mundo totalmente nuevo para mí, con el paso del tiempo se fue transformando en algo más serio, más crucial, más determinante en mi vida.