Por mucho tiempo, me enfoque en buscar lo que quería: una salida a una situación familiar compleja, una carrera universitaria para «ser alguien en la vida», un trabajo para poder darle un futuro a mi hijo, amor de los demás para sentirme bien conmigo misma. En síntesis, me pasé muchos años de mi vida resolviendo, y realmente no vivía.
En algun punto me encontré muy perdida. Sentí que necesitaba algo, pero no sabía qué. Lo buscaba y no tenía éxito. Y en algún momento me detuve… Recuerdo patente el pensamiento: VOY A DEJAR DE BUSCAR. Y lo hice, me dediqué a reencontrarme conmigo misma. Una película que me ayudó un montón fue «Comer, rezar, amar». Ahí entendí lo que nadie se detuvo a explicarme. Que es una pérdida de tiempo buscar respuestas en otros, en placeres, en cosas materiales. El único lugar donde estaban las respuestas era adentro mío, y no lo sabía. ¿Cómo lo iba a saber, si mi mamá, que fue el centro de mi mundo hasta los 23 años – que fue cuando se me fue de esta vida – tampoco lo supo para ella, y eso hizo que la tristeza la consumiera?. No pudo enseñármelo, porque a ella tampoco se lo enseñaron… Y cuando entendí de qué iba esto, empezó a aflorar este camino en el que dejando de buscar empecé a encontrar, porque ahí es donde todo empieza a fluir con libertad y las cosas llegan a su tiempo y en le orden que realmente necesitas, no necesariamente en el orden que queres… Eso también me costó aprenderlo.