Yo no corro ni al colectivo

Frase célebre que decía seguido hace muchos años atrás, antes de ser corredora. Porque era cierto, no corría ni al colectivo. Una larva en persona. Creo que lo máximo que había hecho de deporte en mi vida fue con educación física en la secundaria y un par de veces que intenté ir al gimnasio de más grande. Constancia cero. Recuerdo muy bien esas mañanas de invierno en las que en la secundaria me tomaban el test de cooper, donde tenía que dar esa vuelta fatídica a la pista de atletismo corriendo, mientras sentía que el frío me rasgaba la garganta dolorosamente, y me decía a mi misma: odio correr. ¡Que absurdo se siente eso contrastado con mi presente!. Pero era así, odiaba correr, ni hablar de la barda, lugar espantoso para mí, que había ido 2 veces y lo único que recordaba eran los Alpatacos y la aridez.

A fines del año 2012, año en el que había plantado en mi mente la frase «dejo de buscar», estaba en un momento de mi vida en que lo que se me presentara, lo veía como una oportunidad para ver «qué onda». Y así fue como creo que en noviembre de ese año fui a caminar por primera vez a la barda porque me lo sugirieron y me liberaron con la simple frase: «probá, y si no te gusta, no vas más». No tenía ropa, ¡por supuesto!, y no tenía idea de qué era apropiado para la actividad. Así que fui a la feria de calle Mitre, me compre una remera, una calza que eran de un sintético grueso, irrespirable, y un par de zapatillas Olimpikus blancas. Nada de eso era apropiado para la barda, pero era lo que tenía y con eso me mandé. Una sola salida me bastó. Arranqué con el grupo Alpatacos, y me acuerdo que en la salida a la barda con los caminantes, el referente del grupo, Tali, me dijo una frase que creo que fue el interruptor que necesitaba para despertar la confianza en que era buena en algo. Subiendo una bardita como podía me dijo: se nota que sabes lo que haces. Y con eso me hizo comprar un ticket de ida sin retorno al mundo del trail running. Creo que ese día al fin abrí los ojos a mi yo interior.

Y así fue como «la que no corría ni el colectivo», estaba por tomar una decisión crucial en su vida. Decidí sumarme a la locura colectiva y anotarme a la primer carrera de montaña de mi vida: Patagonia Run. Pero eso no era todo, porque como bien hice toda mi vida con todo, y como sigo haciendo hasta el día de hoy, si lo hacía, lo iba a hacer bien. Y así fue que gracias que me envalentonó mi gran amor, que en ese entonces conocí gracias a animarme a intentar algo nuevo, me dijo: «probá anotarte a los 21km».. y aunque con miedo y duda, me anoté a los 21km de Patagonia Run, que corría en abril del año 2013, y fue sin dudas, y felizmente, la mejor decisión que tomé en mi vida.