A lo largo de la vida nos pasan cosas que dejan algo en nosotros: un aprendizaje, un momento de felicidad, un recuerdo, un dolor, entre otras sensaciones. La lista puede ser infinita, porque los seres humanos somos seres complejos. Cada una de esas cosas que nos pasan, nos marcan, y en el peor de los casos NOS ROMPEN. ¿Y cómo sigue adelante un ser ROTO?. Si un jarrón se rompe por un golpe, ya no sirve para lo que fue creado, y si queremos seguir usandolo, debemos arreglarlo. Las personas también nos rompemos, y como el jarrón, no podemos seguir adelante ROTOS.
¿Pero qué pasa cuando se te rompe algo y no sabes cómo arreglarlo? ¿Qué pasa si tenes 8 años, y se te cae el jarrón que le regaló tu papá a tu mamá?. Sabes que ella lo atesora porque ya están divorciados, y ella no se quería separar. En la desesperación de no saber cómo arreglarlo, con qué, porque nunca se te había roto un jarrón, lo pegas con cinta adhesiva de la escuela por dentro y te quedas conforme con tu arreglo porque por fuera apenas se ven las grietas. Pero rogas a Dios que jamás se le ocurra a tu mamá agarrarlo porque el arreglo es frágil, y ante un movimiento fuerte, se puede desbaratar. En el fondo sabes que ese arreglo estaba mal, y tarde o temprano va a dejar de funcionar.
Ese ejemplo creo yo es una excelente analogía sobre lo que hacemos las personas con lo que se nos rompe por dentro. Al principio queremos volver a lo que eramos antes de estar rotos. Pero no sabemos cómo hacerlo, nadie nos enseñó, no tenemos a quien preguntar. Y de manera inconsciente vamos pegando nuestras partes con «cinta adhesiva», pero como no tenemos una guía, no sabemos qué parte va en qué lugar. Y nos arreglamos mal. Y así, a lo largo de la vida se nos va rompiendo el alma en algunas partes, y la vamos parchando como nos sale. Total no se nota, el resto no lo nota, nosotros hacemos de cuenta que no lo notamos, aunque a veces nos duelen las grietas, sufrimos, lloramos, pero no podemos delatar ese arreglo mal hecho y la seguimos bancando.
Ahora la gran pregunta es: ¿Hasta cuándo va a aguantar ese arreglo?. Y ahí viene el gran dilema. Porque cuando después de un arreglo atrás del otro ya no se puede sostener, el problema ya no se puede ignorar. No podemos seguir como si nada, y tenemos que hacernos cargo de la situación. Porque un día, sin saber cómo, la vida nos pone otra cosa más en el camino y zas! nos rompe en mil pedazos, y los arreglos que teníamos ya no existen más. Somos una pila de pedacitos rotos, somos un alma rota, y el dolor vuelve como si fueran miles de cuchillos clavándose en el medio del pecho, y nos quita el aliento, nos afloja las piernas, nos abate, nos tira de rodillas al suelo y no entendemos nada. Si estaba todo bien, ¿qué paso?. Pasó que la «cinta adhesiva» no era la solución, pero no nacemos con un libro de autoayuda bajo el brazo, lo vamos escribiendo con los años, con las experiencias vividas.
Entonces viene lo inevitable: SANAR. Ahora bien, no sabemos qué nos pasa, tenemos tantos dolores juntos que no entendemos de dónde vienen, cuál es el origen, por dónde empezar. Pensamos que otra vez podemos recurrir al viejo artilugio de querer arreglarlo con cinta, solos, pero para nuestra sorpresa, no surte efecto. El daño es demasiado grande, no alcanza. Y pasa un tiempo hasta que entendemos que necesitamos ayuda, guía y hacer un gran trabajo de introspección, de analizar nuestro camino transitado desde sus comienzos. Identificar cada una de esas roturas, y la razón que le dió origen. Pero no es cuestión de sentarse a pensarlo y ya, porque la vida sigue avanzando, no te espera, y vos seguís necesitando arreglarte. Pero esta vez no queda de otra que arreglarte bien, si queres seguir conservando tu propósito principal que es vivir, y no sobrevivir.
Lleva tiempo, porque primero tenes que encontrar el qué arreglar, para después descubrir cómo hacerlo, cuál de todas las herramientas que se te presentan te sirven a vos, como ser individual. Porque no existe un libro único que nos dé una solución estándar para todos. Y cuando encontras la forma, tenes que entender que el camino va a ser largo, y no va a ser nada fácil. Volvemos al ejemplo del jarrón. Imaginate que se hace pedazos, y lo tenes que arreglar. Algunas partes se rompieron en partes tan pequeñas que ya no se distinguen, son polvo, y no se pueden usar. Ahi es donde empieza el trabajo de crear tus propias partes, de reinventarte. Y de esa forma empezas a descubrirte, a saber quién sos, cuál es realmente tu propósito, qué es lo que te apasiona más, qué cosas te llenan de satisfacción, te inspiran a agradecer cada día. Y así vas creando tus propios códigos, esos que te hacen realmente único. De a poco vas rearmandote hasta el día en el que sentis que ya estas como queres estar, y podes empezar a adornar tu ser con lo que se te ocurra. Ser tu propia obra de arte.